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lunes, noviembre 28, 2005

LEER A LOVECRAFT ES UNA AVENTURA MUY PELIGROSA


"Si leemos a Lovecraft es porque, mediante su lenguaje barroco, desquiciado, confuso y aglomerado, consigue expresar y transmitir parte de sus vivencias numinosas. Lo válido en Lovecraft no es la forma, sino el terrible contenido universal y arquetípico. Leer a Lovercraft no es, pues, distraerse para no pensar, sino bucear por el mundo sin luz del inconsciente colectivo. Es traspasar los umbrales del otro mundo y mirar a la cara de las oscuras y amorfas divi- nidades de los orígenes. Es dar de vacaciones al ego y liberar el caos sin forma de nuestras profundidades abismales. Es anular temporalmente nuestros esquemas cotidianos de pensamiento racional y represivo y reactivar estructuras que de puro arcaico nos resultan nuevas. Leer a Lovecraft es una aventurd peligrosa, pues equivale a hacer un viaje con LSD; no es una evasión, sino más bíen una invasión ... El viajero ha de trasponer las puertas del mundo inferior, guardadas por el dragón iniciático que simboliza el terror a los abismos y a la propia disolución del ego ...

Una vez traspasada esta puerta ... la percepción se desintegra, aparecen aullidos que son silencio, perfumes y músicas que son colores, luces en un espectro inexistente en la tierra, ángulos y planos pertenecientes a geometrías ajenas y dotadas de vida. Las piedras se deshacen, se pudren y huelen como carroña. Los oídos quedan taponados como tras un despegue supersónico. Las montañas están vivas y echan a andar ... Al conjuro de Lovecraft, las fuerzas más oscuras de nuestro abismo interior se agitan. pugnan por librarse de sus cadenas, amenazan con irrumpir en nuestra zona consciente y anegarla, cosa que al final consiguen ... Pero para un hombre civilizado y sano, este viaje y esta invasión sólo son cine. El viajero los contempla desde 1a butaca de su propio escepticismo, protegido por su propia razón adulta, distanciado por su consciencia de estar Ieyendo un relato de ficción ... Leer a Lovecraft es hacer un viaje turístico al paraíso perdido, a ese paraíso primordial que es también, a la vez, infierno y que limita, al fondo, con el inefable gran vacío de la vida fetal prehumana ... Teóricamente el retomo del viaje está siempre garantizado; el billete es de ída y vuelta, naturalmente, pero ... cuidado!, a veces pueden producirse fatales accidentes."

Rafael Llopis
(escritor)

miércoles, noviembre 23, 2005

EL EXTRAÑO CIRCULO DE LOVECRAFT

A partir de entonces, nuevas y oscuras deidades se alzarón misteriosamente en los rincones del universo en busca de sus perdidos dominios ancestrales; temibles libros de saber olvidado y situaciones terribles, se vincularon a detalles erizames con ambientes de pesadilla, en un conjunto de viscosas y grotescas criaturas capaces de hacer enloquecer al más cuerdo de los seres mortales. De todo ello surgió el extraño Círculo de Lovecraft, un círculo en torno al cual fueron agrupándose muchos amigos, escritores famosos, noveles y aficionados, que admiraban y deseaban colaborar en los proyectos del maestro de Providence. No cabe duda de que, entre todos los proyectos del Círculo, el más importante y trascendental fue Los Mitos de Cthulhu, un ciclo de narraciones de horror cósmico, jamás antes imaginado por humanidad alguna, que fue ambientado en viejos mundos de turbación y desorden, y habitado por dioses miserables y extraños híbridos prehumanos.

En realidad los Mitos son una obra colectiva que cristalizó alrededor de un solo hombre, Lovecraft. Los dos primeros relatos de este ciclo cósmico, La Ciudad Sin Nombre y El Ceremonial, fueron escritos por él en su etapa onírica de hombre solitario; pero, luego, a raíz de su apertura hacia la vida social, los amigos que fueron entrando en su íntimidad y que Luego constituyeron el llamado Círculo de Lovecraft, intervinieron activamente en la fundación y desarrollo de estos Mitos. Cada uno de ellos supuso un grano de arena; mientras unas inventaron nuevas y horribles deidades, otros crearon oscuros libros de saber oIvidado, terribles situaciones, lugares infernales, criaturas indescriptibles o viajes oníricos hacia dimensiones desconocidas. Y es que entre todos se fue desarrolIando el dogma recién creado.

CARCINOMA INTESTINAL Y NEFRITIS CRONICA

A pesar de ello, Lovecraft, el eterno morador de sombras, continuó trabajando en su oscura soledad de Providence, amargado y hundido en su antigua misantropía. buscando siempre, en las penumbras de su subconsciente, nuevas ideas para sus relatos escalofriantes.

Pero Howard ya no era el mísmo, se sentía muy cansado, enfermo, sin deseos de vivir. "En sus últimos años de vida -cuenta tristemente su amigo Derleth- las enfermedades que se cebaron en él durante su juventud, hallaron un fiel reflejo en su marchita salud. La anormal sensibilidad de Lovecraft ante cualquier temperatura inferior a cinco grados sobre cero, se avivó hasta el punto de sentirse muy a disgusto, casi puede decirse enfermo, en temperaturas inferiores a cero grados. Las cartas que escribió durante el último año de su vida están llenas de referencias a fastidiosas dolencias y pequeños sufrimientos que no cesaban de importunarle. Durante el otoño y comienzos del invierno de 1937, se le tuvo que trasladar al hospital Jane Brown Memorial de Providence". Ya no podía ingerir alimento alguno por la boca; se alimentaba por vía intravenosa y tenían que calmarle a base de morfina. Flaco, completamente hinchado de aires y de líquido, y soportando tremendos dolores, todavía le quedaban algunas fuerzas para encantar a las enfermeras con su amable cortesía y su estoico valor. 

Sín embargo, a pesar de los sobrehumanos esfuerzos por salvarIe, Howard murió en la madrugada del 15 de marzo de ese mismo año. Su certificado de defunción atribuye la causa a un "carcinoma intestinal y nefritis crónica". A las doce del día 18 de marzo se celebró un funeral en la capilla de la compañía funeraria Horace B. Knowles & Sons. Asistieron solamente cuatro personas: Annie Gamwell, su gran amiga, miss Edna W. Lewis, la prima segunda de Lovecraft, Ethel Phillips Morris, y su amigo de Boston, Edward H. Cole. Fue enterrado en el panteón de su abuelo Phillips, en el cementerio de Swan Point. Y aunque su nombre aparece inscrito en la columna central, ninguna lápida señala su tumba.

Así desapareció un hombre que vivía para sus sueños, un ser que a pesar de autodefinirse como una carroña que causaba horror, necesitaba del calor humano que jamás tuvo. Su fama de rondador de cementerios, de conocedor de secretos prohibidos, de practicante de cultos sacrílegos, fue extendiéndose tomo una plaga incontrolable por sus voraces lectores; sin embargo, nada de todo esto fue verdad; en realidad, Howard fue siempre un hombre sencillo, lógico, materialista, racional y ateo. Su vida pública estuvo marcada en todos los sentidos por una gran humildad, es decir, fue la de un pequeño burgués que se sintió amargadamente fracasado. Sus amigos le querían, le admiraban, porque él, ante ellos, lejos del oscuro drama de la influencia familiar, se sentía liberado y manifestaba todo su apasionado entusiasmo reprimido; las demás personas no cabe duda de que le ignoraron. Fue, sin lugar a vacilaciones, un devoto devorador de fantasías y de ciencia; creía que nadie era capaz de comprender ni amar a nadie, pues para él tanto el pensamiento como las sensaciones humanas eran el espectáculo más divertido y desalentador que deambula por el reino de la naturaleza.

Filosóficamente hablando, Lovecraft se autoconsideraba monista dogmático y comulgaba con el materialismo mecanicista; sin embargo, siempre fue, en realidad, un escéptico radical, es decir, un absoluto destructor de su época. Por ello, no tuvo más alternativa que inventar su propio mundo, un mundo que sólo existía en su subconsciente y, que a la vez, le permitía expresar sus emociones más profundas. "De haber nacido en otros siglos -comenta Rafael Llopis- hubiera sido "un gran profeta, un gran mistico o el fundador de una mueva religión". Mas en el tiempo y espacio que le tocó vivir, y con su absoluto escepticismo, fue sólo un creador romántico de universos imagmarios... y, como todos los románticos, a] amar un pasado muerto, amó también la muerte misma. Pero la muerte -la desintegración de la forma y la putrefacción de la carne- le inspiraba el mismo horror que la locura a su intelecto lógico y formalista. Y así, del mismo modo que lo irracional rechazado era secretamente deseado, la necrofilia, como en Poe, era a la vez, en Lovecraft, necrofobia". ¿Dónde radica, pues, el éxito del morador de las sombras?

ESE INTELIGENTE AUNQUE EXCENTRICO FONOGRAFO HUMANO

 Así es como describía Lovecraft a Sonia Green; sin embargo, a pesar de ello, Howard se casó con ella en 1924 en la capilla de St. Paul, entre las calles Broadway y Vesey de Nueva York. Howard insistió en celebrar la unión en aquella iglesia, no porque se hubiese convertido de repente a la teología episcopal, sino porque en ella habían orado  ilustres barrocos y porque databa del 1776. 

Mucho se ha escrito sobre la unión de tan extraña pareja, pero lo cierto es que se casaron enamorados. EI propio doctor Keller supuso que Lovecraft quería escapar del dominio de sus tías y de la atmósfera de clase elevada en decadencia, mientras que Sonia quería a un escritor con talento para que la ayudase a realizar sus ambiciones literarias. August Derleth sugirió la idea de que ambos querían engendrar un hijo especial, combinando la inteligencia de él con la belleza de ella. El caso es que el matrimonio duró poco tiempo, no lIegando ni a los dos años cuando se separaron y tres cuando se les concedió el divorcio. Parece ser que los problemas económicos, unidos a crecientes divergencias en las aspiraciones y necesidades sociales, fueron la principal causa de la ruptura matrimonial, tras la cual Lovecraft regresó de Brooklyn -ciudad donde se había afincado el matrimonio- a Providence, de 1a cual ya nunca más saldría, excepto para realizar algún que otro breve viaje para visitar a sus amigos o para profundizar en ciertos pasados históricos.

SOLO Y DESESPERADO ANTE LA VIDA

Fue entonces cuando aquel solitario de Providence quedó sumergido en el vacío más absoluto, incapaz y falto de objetivo, actuando siempre entre terribles depresiones y atroces pesadillas; su interés por las cosas se desvaneció y cayó en un deplorable estado de apatia e inconstancia que pronto estuvo a punto de acabar con su delicado equilibrio psicológico. No cabe duda de que la muerte de su madre pudo haber significado para Lovecraft una clara oportunidad para abandonar definitivamente su papel edípico y conquistar su propia independencia y autosuficencia; pero no ocurrió así, sus tías asumieron muy complacidas el rolde madres cariñosas, y Howard quedó una vez más hechizado por el cálido regazo de beatas puritanas.

Pasó mucho tiempo sumergido en este lamentable estado de tensión y dependencia, pero por fin logró enderezarse y reanudó su trabajo creativo como escritor, el cual compaginó, por necesidad económica, con otros trabajos de corrección de estilo y haciendo algunas críticas. Gracias a esta labor pudo serenizar sus temores internos y fue abriéndose camino hacia el mundo que le rodeaba. No tuvo más remedio que relacionarse con gente y, aunque al principio sus relatos pasaron indvertidos por el gran público, desde 1923 su narrativa encontró un mercado muy favorable, no sólo entre sus lectores de las revistas "Weird TaIes", "Amazing Stories"', "Tales of Magic and Mistery'" y" Astounding Stories"', sino también entre la crítica especializada. "O'Brien -dice Augut Derleth - otorgó tres estrellas a: 'El co!or que cayó del cielo' y al 'Terror de Dunwich' en su famosa selección anual de 105 mejores relatos; la antóloga Christine Campbell Thomsod, comenzó a reeditar la obra de Lovecraft en Inglaterra; Dashiell Hammett hizo una antología de Howard en los Estados Unidos; por último, William Crawford, un editor aficionado, publicó 'La sombra sobre Insmouth' en forma de libro en 1936.

Fueron muchas las personas que se sintieron atraídas, fascinadas, por las narraciones del caballero solitario de Providence, hasta tal punto de mantener importantes correspondencias con él. Muy pronto aquel hombre tosco y retraído, de aspecto enfermizo, pero interesante, misterioso y lIeno de ingenio, tríste y muy golpeado psicológicamente, se transformó en un ser maduro, alegre y entusiasta, capaz de trazar nuevos contactos con muchos amigos, entre los que figuraron Frank Belknad Long, Reinhart Kleiner, Clark Ashton Smith, August Derleth, Alfred Galpin, Samuel Loveman, Robert Bloch, Henry Kuttner, E. Hoffman Price, y un largo etcétera de nombres que jamás caerán ya en el olvido de los tiempos. Pero de todos ellos, quizá la periodista Sonia Green, una atractíva mujer de Brooklyn, con un gran encanto personal y un excelente dinamismo, fue el personaje decisivo en la recién inaugurada vida social del morador de las sombras, tanto que pronto se convirtió en su prometida.

domingo, noviembre 13, 2005

EN LA MAGICA TIERRA DE LOS SUEÑOS PROHIBIDOS: El Efecto Dunsany

Este descubrimiento fue Edward John Moreton Drax Plunkett, decimoctavo Barón de Dunsany, y más conocjdo como el Mago de los Mitos, el Creador de los Mil Sueños. Hombre temperamental, vigoroso, deportivo, versátil y poéticamente sensible, Lord Dunsany fue un alto noble anglo-irlandés, un célebre narrador de viajes oníricos y aventuras míticas, y un conversador inagotable. Recorrió el mundo, cazó zorros, leones, cabras salvajes, ganó competiciones de ajadrez y de tiro con pistola. Sirvió como oficial británico en la guerra de los Boers y durante la Primera Guerra Mundial; también se asoció con William Butler y con el Abbey Theatre en el renacer irlandés; finalmente intentó una malograda entrada entrar en la política de su época. Aparte de toda esta inquietante y variada vida, Dunsany escribió multitud de libros, todos ellos escritos en pluma de ave, entre los que se contaban novelas, relatos, cuentos, obras de teatro, poesía y una autobiografía.

Lovecraft, fascinado por las vertiginosas profundidades de Dunsany, abandonó parte del terror gótico, conservando lo macabro del mismo, y penetró como un aventurero en la mágica tierra de los sueños prohibidos. Fue entonces cuando escribió una fecunda oleada de relatos, unos diecisiete entre 1917 y 1921, siendo 1a mayoria de ellos de corte onírico, es decir, inspirados en el más puro estilo dunsaniano. Pero muy pronto este largo período creativo se vio truncado por dos hechos de vital importancia, a saber: la fortuna familiar cayó por debajo del mínimo esencial y en el mismo año, 1921, su madre murió a causa de una inflamación en la vejiga y en el conducto biliar.

HACIA LAS EMANACIONES CORROMPIDAS DE LA TUMBA: Bajo el Hechizo de Poe

A simple vista, el incipiente Lovecraft tenía un aspecto normal; sin embargo sufría lo que los expertos en psícología clínica denominan enfermedades psicosomátícas, las cuales, naturalmente, estaban empeoradas por los agitados temores y manías de su madre. "Durante un tiempo -comenta Sprague de Camp-, Lovecraft creyó que le estaban creciendo orejas puntiagudas, y que le iban a brotar cuernos en la frente. Sintió mucho no ver realizado su deseo de que sus pies se convirtieran en pezuñas." Sea cual fuese la razón de estos trastomos, Howard no tuvo más remedio que abandonar la escuela durante un par de años y, una vez en casa, su madre, su abuela y su tía Lillian, se encargaron personalmente de darle clases, pero luego no hubo más solución que contratar a profesores particulares.

Durante este largo espacio de tiempo, Lovecraft nunca perdió sus ansias por aprender; por elIo, al margen de sus estudios escolares y sus investigaciones, dedicó sus horas libres a leer gran cantidad de libros y novelas, especialmente todo lo concemiente al siglo XVIII, al horror, ficción o aventuras. Descubrir a Edgar AlIan Poe fue determinante. Siguiendo sus propias palabras: … “Poe fue mi caída, a la edad de ocho años vi oscurecerse el firmamento azul por las emanaciones corrompidas de la tumba". A partir de entonces fue cuando se lanzó a escribir varios cuentos de miedo, merced a los cuales pudo conjurar y sublimar parte de sus pesadillas nocturnas. Obras como "El Sótano Secreto o la Aventura de John Lee" (1898), "El Misterio del Cementerio o la Venganza del Muerto" (1898-1899), "EI barco místerioso" (1902), entre otras, son vivos testimonios de la constante fascinación que ejercieron sobre él, las cámaras subterráneas, las criptas malolientes, los túneles tenebrosos y las frías regiones polares. Su primer relato serio, "La Bestía de la Cueva", lo escribió cuando apenas contaba quince años, y toda su adolescencia fue una clara imitación literaria de los escritores góticos del siglo XVlIl, que era su siglo favorito.

Sobre esta misma época fue cuando se afilió a la "United Press Amateur Association" y publicó una revista mimeografiada que títuló "The Rhode Island Journa1 of Astronomy", la cual contenía datos sobre las posiciones de los cuerpos celestes, noticias de las propias observaciones astronómicas y resúmenes de crónicas periodísticas sobre acontecimientos concretos. Adquiríó asimismo un espindairscopio para poder estudiar los efectos que producía la radiactividad, así como varios telescopios, un microscopio y dos espectroscopios. También empezó a publicar varios artícuos mensuales sobre los fenómenos astrológicos de la época, artículos que publicó en el diario "Tribune", de Providence, y, por primera vez, vio impresa una obra suya, "EI Alquimista", escrita en 1909, en la revista "The United Amateur". Sin embargo, a pesar de estos éxiltos iniciales, no fue hasta pasados los veinte cuando Lovecraft comenzaría a escribir las obras que habrían de situarle entre los mejores escritores americanos de la narrativa de ficción. Y es que antes tenía que hacer otro gran descubrimiento, un sorprendente hallazgo que le paralizarÍa como una violenta sacudida eléctrica.

LA LETRA IMPRESA LE INFLUIA MAS QUE LOS AMIGOS

Este soñador era un niño de ojos azules y largos bucles dorados, por lo que mucha gente lo lIamaba "rayito de sol:', hecho que le crispaba los nervios. Su madre -que siempre había deseado tener una niña - le vestía con ropas al estilo Lord Fauntleroy, y trataba deliberadamente de feminizarle; en consecuencia, de chiquillo, Howard se autoconsideraba una niña.

A pesar de ello, este refinado galopín fue un chico muy precoz, con una capacidad y memoria fuera de lo común; a los dos años conocía ya las letras, a los tres empezó a leer y a los cuatro escribía correctamente; sin embargo, apenas jugaba con otros niños, y cuando raramente lo hacía, le gustaba representar escenas históricas o ímaginarias. Sus compañeros de juegos no le querían, pero ese sentimiento era mutuamente compartido; por eso, desde muy temprano, se refugió en los fascinantes libros de su abuelo materno, Whipple Phillips, y es que la letra impresa le influía más que los amigos. Asimismo, su abuelo le distraía con historias y cuentos de horribles fantasmas que el propio Whipple inventaba. Le hablaba de bosques tenebrosos, de cuevas insondables, de criaturas aladas, de longevas arpías con siniestras piñatas y de tremendos gemidos. Para curarle el miedo a la oscuridad, lo conducía de noche por toda la casa a oscuras.

AI cumplir los cinco años, el solitario niño de Providence escribió ya sus primeros relatos fantásticos, "La pequeña botella de cristal" y "El noble escuchador", entre otros. Este último trataba acerca de la historia de un niño que casualmente escuchó dentro de una cueva un escalofriante cónclave de seres subterráneos. A los seis años, Lovecraft descubrió las antiguas leyendas del paganismo clásico, llegando incluso a levantar altares a diversas deidades, como Pan, Atenea, Artemisa, Apolo y Saturno; muchas veces deambulaba por los campos y bosques en busca de seres míticos. Cuando alcanzó los siete, su madre le sorprendió un día leyendo un ejemplar de "La isla del doctor Moreau", de H. G. Wells, y, a los nueve, empezó un periódico a mano, el "Scientific Gazette", del que hacía un original y cuatro copias a carbón para la familia y los amigos; este periódico, que publicó hasta 1909, estaba principalmente dedicado a la química, por la que sentía un especial interés y constaba de paráfrasis de ciertos pasajes de sus libros de texto.

Cuando no leía, investigaba, soñaba o escribía, el joven Lovecraft construía sus propias maquetas de ciudades sobre la mesa, utilizando para ello madera o cartón, e incluso a veces un mapa histórico del lugar, para reconstruir exactamente la época en todsos sus detalles. Su madre jamás descuidó su cultura.

EL SOLITARIO NIÑO DE PROVIDENCE

Howard PhilIips Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en la atractiva locaIidad americana de Providence, Rhode Island. Proviniente de una estirpe insólita de contemporáneos, Nataniel Hawthorne (escritor norteamericano de ideas furieristas), Cotton Mathers (el conocido Inquisidor de la Nueva Inglaterra), y de las célebres Brujas de Salem, Lovecraft fue producto directo de una sociedad puritana llamada "Mayffower". Puede decirse que tuvo una infancia muy distinta a la que tuvieron muchos de sus congéneres, y quizás por ello, se convirtió pronto en leyenda atípica, una leyenda sin precedentes en los anales históricos de la Literatura.

Su padre, Winfield Scott Lovecraft, empedernido juerguista y tenorio, fue un viajante de comercio, ampuloso y tiránico, que prácticamente nunca convivió con su hijo y que finalmente murió demente -aquejado de una parálisis general progresiva en un hospital psiquiátrico cuando el pequeño Howard tenía tan sólo tres años. No cabe duda de que esta ausencia paternal le marcó muy profundamente.

Su madre, Sarah Susan Phillips, una atractiva pero puritana arpía impregnada de raros prejuicios socio-raciales, fue una mujer neurótica y posesiva, muy mal dotada para hacer frente al mundo, que volcó todas sus múltiples insatisfacciones y odio hacia los hombres en su retoño, intentando siempre convencerle de que él era un niño feo y enfermizo y que la gente era mala y estúpida. 

Cuando Susan abandonó definitivamente el hogar de su marido (éste se había convertido en un loco peligroso y por ello tuvo que ser ingresado en una institución para enfermos mentales), fue a vivir, con su hijo Howard, a la casa de sus ancianos padres, Whipple Phillips y su esposa Robie, los cuales sentían una gran afición por coleccionar libros extraños y fascinantes, lIegando incluso a albergar en su biblioteca más de 2.000 volúmenes, algunos de ellos con muchos siglos de antigüedad. Fue precisamente en el seno de este oscuro drama, donde, poco a poco, se forjó la inolvidable historia de una leyenda.

LA LLAMADA DE CTHULHU (Fragmento)

"No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas. Algunos teósofos han sospechado la majestuosa grandeza del ciclo cósmico del que nuestro mundo y nuestra raza no son más que fugaces incidentes. Han señalado extrañas supervivencias en términos que nos helarían la sangre si no estuviesen disfrazados por un blando optimismo. Pero no son ellos los que me han dado la fugaz visón de esos dones prohibidos, que me estremecen cuando pienso en ellos, y me enloquecen cuando sueño con ellos. Esa visión, como toda temible visión de la verdad, surgió de una unión casual de elementos diversos; en este caso, el artículo de un viejo períodico y las notas de un profesor ya fallecido. Espero que ningún otro logre llevar a cabo esta unión; yo, por cierto, si vivo, no añadiré voluntariamente un sólo eslabón a tan espantosa cadena. Creo, por otra parte, que el profesor había decidido, también, no revelar lo que sabía, y que si no hubiese muerto repentinamente, hubiera destruido sus notas.

Cthulhu existe también, supongo, en ese refugio de piedra que le sirve de abrigo desde que el sol era joven. Su ciudad maldita se ha hundido otra vez, pues el Vigilant navegó por aquel lugar después de la tormenta de abril; pero sus ministros en la Tierra bailan aún, y cantan y matan en lugares aislados, alrededor de monolitos de piedra coronados de imágenes. Cthulhu tuvo que haber sido atrapado por los abismos submarinos pues si no el mundo gritaría ahora de horror. ¿Quién conoce el fin? Lo que ha surgido ahora puede hundirse y lo que se ha hundido puede surgir. La abominación espera y sueña en las profundidades del mar, y sobre las vacilantes ciudades de los hombres flota la destrucción. Llegará el día... ¡pero no debo ni puedo pensarlo! Ruego que si no sobrevivo a este manuscrito, mis ejecutores testamentarios cuiden de que la prudencia sea mayor que la audacia e impidan que caiga bajo otros ojos."

EL EXTRAÑO MORADOR DE LAS SOMBRAS

Hace casi un siglo, un hombre viajó fuera de la vida, en busca de los sueños que había perdido el mundo. Poco se ha escrito del nombre y del lugar que habitó ese hombre, pero se dice que ambos fueron muy oscuros. Basta saber, que existió en una ciudad de altos muros donde reinaba la estéril penumbra y que durante el día escribía entre sombras y agitaciones diversas, rodeado siempre por un halo de misterio, propio de las noches de luna llena, cuando los aullidos de los hijos de la noche retumban hasta resquebrajar los huesos de cualquier paseante distraído.

Según atestiguan los escasos que llegaron a conocerle, se trataba de un ser muy raro, sombrío, más bien feo, de rostro cabruno o tal vez de pescado; un genio que, incapaz de luchar con el ritmo de su tiempo, encerró su existencia en el seno de viejas casas húmedas, lúgubres y tenebrosas, donde casi enloqueció, dejando tan sólo, como único legado, el valioso recuerdo de su pluma escalofriante.

Vivía de noche, sumergido en la oscuridad donde nadie podía verle; entonces incluso se atrevía a salir a la calle, a pasear con la cabeza inclinada; era el misterio de Providence. No había fuerza en la tierra capaz de hacerle dormir en otra cama que no fuera la suya. Era vergonzoso y tímido, y aunque nadie se atrevía a decir que tenia complejo de inferioridád, decia que no tenia confianza en sí mismo. Veía poca gente, y su círculo de amigos era muy reducido. Prefería los trajes oscuros, sin moda, y las corbatas negras o azul marino, lisas o con pequeños lunares. Jamás aparecía en sociedad sin chaqueta o sin sombrero. Su voz era chillona pero cuando hablaba con énfasis, su voz se hacía áspera, como un "graznido ronco". Sonreía con facilidad pero raramente reía; mucha gente ha descrito su risa como un "áspero cacareo". Cuando se acaloraba, tendía a tartamudear y su conversación normal, al igual que su escritura, tendía a ser pedantemente polisílaba; era de los que en vez de decir: "Voy a tomar un trago", decía: "Voy a procurarme un poco de refresco líquido".

Con los extraños, su actitud era retraída, rígida y exageradamente forrnal; pero cuando conocía a las personas, se revelaba como un conversador agradable; adoptaba con espíritu alegre una pose de caballero dieciochesco. Tenía cinco pies y once pulgadas de altura, hombros caídos aunque anchos, y propensión a estar delgado. Tenía los ojos y el pelo oscuro (más tarde éste se volvería gris rata), cara larga y nariz aguileña. Su rasgo más destacado era la barbilla, muy larga, que le daba un aire de afectado. Su piel era pálida y sus manos frÍas como el hielo; estrecharle la mano era como estrechársela a un cadáver.

Sus gustos por la comida eran muy peculiares: despreciaba la "gourmanderíe" y creia que su cerebro funcionaba mejor cuando pasaba cierta hambre. No le desagradaban la leche y la grasa, aborrecía el pescado, que lo calificaba de "horrible bazofia", era melindroso con las verduras, y le disgustaban las judías verdes y los espárragos; tenía gran pasión por el queso, los helados, el café, los dulces, de cuales abusó durante toda su vida.

Sentia un gran cariño por los gato: alababa su belleza, su gracia, su autosuficiencia y demás cualidades aristocráticas; en cambio odiaba a los perros, que consideraba "escandalosos, malolientes, desmañados, babosos, sucios, jadeantes y manoseadores".

Cuando un gato se le subía a su regazo, él permanecía sentado toda la noche para no despertar al felino. La mayor parte de sos obras las compuso durante 1a noche y, cuando algunas vece5 trabajaba de día, simulaba la oscuridad de la noche bajando las persianas y encendiendo la luz. El era su propia creación fantástica; se imaginó a sí mismo como una figura misteriosa y cadavérica de la noche, un pálido y erudito necrólogo en busca de extraños sueños. No tenía automóvil, no viajaba y jamás tuvo mucha ropa; apenas gastaba dinero excepto para unos cuantos aparatejos astronómicos, instrumentos de química, libros o revistas. No se sentía a gusto con el otro sexo, y la bebida; la fornicación y el juego no le interesaban; sin embargo, pronto descubrió que -aI tratar con los matones- era mas efectivo una fachada de blanda y serena imperturbabilidad que las caras feroces y las amenazas sedientas de sangre; por ello, practicó esta pose objetiva y hierática tan cabalmente que de adulto se creyó un hombre sin emociones: una máquina pensante o una inteligencia descarnada. El mismo decía: “Jamás me sentiré demasiado alegre ni demasiado triste, pues tengo más tendencia a analizar que a sentir. La alegría que puedo experimentar se deriva siempre del principio satírico, y mi tristeza no es tanto personal como una inmensa y terrible melancolía ante el dolor y la futilidad de toda existencia". De hecho, como escribió un amigo suyo, "él no era ni frío ni insensible. Sus emociones eran tan vehementes como las de los demás. Pero había mantenido una postura inexpresiva tanto tiempo que le resultaba difícil manifestar las emociones abiertamente"; era como si su sensibilidad quedase protegida por una especie de "chaqueta de crista", inaccesible a las incitaciones de los demás, a las provocaciones de una sociedad que no entendía del todo.

Este hombre, al que muchos han preferido olvidar o no conocer jamás, quizás por no herir sus sanas costumbres y sus buenos pensamientos, se Ilamaba Howard Phillips Lovecraft, eI extraño morador de las sombras, el que eternamente susurra en la vigilia de los ciclos, reanimando cadáveres, removiendo ancestrales criaturas capaces de hacer envejecer cien años al más joven de los humanos. Por ello, conocer a este hombre, es lIegar a sentir eI terror enroscado alrededor del cuello, es verse involucrado en la atrocidad que inspiran las horribles criaturas de su mitología, sufrir, en definitiva, en antiguos mundos de caos y espanto, todavía presentes a través de arcanos mensajes e indescifrables augurios.

Quienes por diversas circunstancias no han lIegado a leer sus obras, olvidan que los coleccionistas más sobresalientes pagan fuertes sumas de dinero por cada una de sus cartas; no saben que ha servido de argumento e inspiración para diversas obras de teatro, cine y música; ignoran que ha creado una escuela y estilo Iiterarios sin precedentes y que ha servido de tema para múltiples artículos, reportajes, polémicas y tesis doctorales; desconocen, finaImente, que ha sido traducido a más de diez lenguas extranjeras y que ha erizado la cabeIlera a miles de lectores con su peculiar forma de engendrar miedo, angustia o pesadillas sin nombre. Y es que Howard Phillips Lovecraft ha sido el Hacedor de Cultos ya olvidados, de nauseabundos alienígenas, de doctrinas esotéricas y de fuerzas ocultas encarnadas en deidades arquetípicas y primigenias, conjugando, con todo elIo, una original concepción del relato de horror y una complicada cosmogonía ancestral que desvela al más dormido de los mortales.

Vivió siempre sumido en la pobreza, dedicado a corregir el estilo de cuentos de terror; se casó con un mujer que le recordaba a su madre y pronto se separó de ella por esa misma razón; paseaba sólo, leía con voracidad y adoraba los dioses de la Grecia Clásica. De haber seguido por el camino de sus años de anquilosamiento, habría vivido a semejanza de los mortales más oscuros, y seguramente habría dejado esta vida como sus padres, encerrado en las blancas paredes de un hospital para enfernos mentales. No obstante, logró despertar a tiempo y, poco a poco, pudo reconciliarse con la raza humana. Finalmente, murió joven, aquejado de un cáncer de intestinos, y de cansancio. Por todo ello, los que vigilan desde el tiempo no olvidarán nunca su fugaz paso por este mundo. Lo demás hay que sentirlo en sus obras.